Prevención y Consejos frente a la Hipertensión Arterial

Prevención y Consejos frente a la Hipertensión Arterial

Si bien es cierto que hay una predisposición hereditaria a padecer esta patología, no es desdeñable la influencia de los hábitos de vida incorrectos en la densificación de la sangre, como por ejemplo: tabaquismo, alcoholismo, estrés, sobrepeso, vida sedentaria, consumo excesivo de medicamentos, alimentación inadecuada, ingerir poco líquido, etc. Los tratamientos medicamentosos convencionales, al igual que los naturales, sólo son efectivos si van acompañados de una modificación de los hábitos de vida incorrectos. Es por ello que, ante un diagnóstico de hipertensión leve a moderada, el primer paso consiste en comprometer al paciente para que mejore su calidad de vida.

LOS ANTIHIPERTENSIVOS

Si los cambios en el estilo de vida no logran estabilizar la presión arterial, o si el diagnóstico médico indica hipertensión moderada a grave, se recetarán fármacos antihipertensivos: diuréticos, vasodilatadores, alfa y betabloqueantes, etc.

No existe un “fármaco único” que sirva a todos los hipertensos por igual. El tratamiento puede consistir en la toma de uno o más medicamentos.

Muchas veces la medicina convencional busca resolver la hipertensión únicamente con fármacos. Pero si bien las drogas químicas antihipertensivas son muy útiles a corto plazo, sólo suprimen los síntomas y no la causa, que deberá combatirse por otros medios. Además, en algunas personas, con el tiempo, pueden provocar efectos secundarios adversos como: cansancio, mareos, pesadillas, impotencia, depresión, entre otros.

El tratamiento natural, en cambio, no deja secuelas y estabiliza la presión arterial sin disminuir la vitalidad. Su mayor contra consiste en no tener resultados inmediatos sino a largo plazo, ya que su efecto consiste, básicamente, en desintoxicar el organismo.

Estudios clínicos han demostrado que el tratamiento más adecuado consiste en una combinación de ambos enfoques: se comienza con el tratamiento químico convencional para nivelar la presión en forma inmediata y así reducir el riesgo de padecer accidente cerebro vascular o infarto; mientras tanto, se educa al paciente para que introduzca cambios en su estilo de vida y comience un tratamiento natural de esta patología. Lo que nunca debe hacer una persona hipertensa es suspender la toma de los fármacos antihipertensivos en forma brusca; esta reducción debe realizarse en forma paulatina bajo la guía de un profesional médico, quien determinará la disminución de la dosis en el tiempo hasta no depender más de estos medicamentos.

ALIMENTACIÓN

Mucha gente busca la hierba o el alimento mágico que le disminuya la presión arterial. Pero la solución no pasa por agregar o quitar ciertos alimentos sino por efectuar ajustes en aspectos que hacen al diario vivir, comenzando por un verdadero cambio en los hábitos alimenticios que implique una forma diferente de comer, balanceando los nutrientes.

Lo cierto es que existe una gama de alimentos que “contraen” los órganos, densifican la sangre y alteran el funcionamiento del sistema nervioso. Entre ellos:

  • Grasas animales: carnes, manteca, embutidos, etc., cuyo abuso aumenta el colesterol y los triglicéridos, generando un espesamiento de la sangre y la obstrucción de la luz de las arterias por depósitos grasos en las mismas.

  • Alimentos elaborados con aceites vegetales hidrogenados: aceite de semillas (maíz, soja, girasol, etc.), margarina, manteca, etc., que al calentarse generan los “enlaces trans” que endurecen las membranas celulares y no permiten la eliminación de toxinas ni la entrada de nutrientes.

  • Exceso de sodio: no sólo implica abuso de la sal. El sodio también está presente en los alimentos industrializados, empaquetados, enlatados, enfrascados, incluso en los que dicen en su envase “dietéticos”, ya que se usa como conservante. Es indispensable la presencia de fibra en la dieta. Un intestino perezoso intoxica la sangre haciendo que aumente la presión sanguínea. Las fibras más eficaces para reducir la presión arterial son las provenientes del salvado de avena y la manzana. Hay sustancias que actúan como hipotensores: calcio, magnesio, potasio, zinc, vitamina C; ajo, cebolla y apio; tisanas de: bayas de espino albar y agripalma (tónicos cardíacos); tilo, pasiflora y melisa (tónicos nerviosos); ortiga y muérdago (purificadores de la sangre); amargón, milenrama y cola de caballo (diuréticos).

ACTIVIDAD FÍSICA

La falta de actividad física desequilibra el sistema circulatorio; las articulaciones y los músculos se endurecen exigiendo un esfuerzo mayor para que la sangre circule. En general, los hipertensos presentan rigidez corporal por lo cual es importante que eviten ciertos deportes que endurecen aún más el cuerpo y opten por una actividad que ayude a ablandarlo, a flexibilizarlo, como lo son Yoga y Tai Chi. También son muy buenas las caminatas y los paseos en bicicleta, sólo que estas actividades no ayudan a flexibilizar el cuerpo.

EJERCICIOS RESPIRATORIOS

La mayoría de las personas, sobre todo las hipertensas, respiran llevando el aíre sólo hacia la zona clavicular (la parte más pequeña del pulmón) en vez de hacerlo a la zona abdominal (la más amplia). Esto hace que no se produzca una buena oxigenación y eliminación del anhídrido carbónico. Por esta razón una mala calidad de sangre exige al organismo a un esfuerzo mayor para lograr su circulación normal. Además, como la respiración nutre el sistema nervioso, cuando no se respira bien no se logra una buena relajación.

PRECAUCIONES

  • Controlar el Estrés. Sensación de desborde mental y emocional, la cabeza “no puede parar”, de que existe un ruido interior permanente. Esto genera un estado de ansiedad que a su vez se traduce en adrenalina, la cual constriñe los vasos sanguíneos y favorece la retención de sodio causando, entre otras cosas, hipertensión.

  • Evitar la sobrecarga hepática. El hígado es el encargado de eliminar las toxinas de nuestro cuerpo. Cuando se ve sobrecargado esta capacidad disminuye y la sangre se intoxica y densifica. Todo esto causa, en la mayoría de los casos, hipertensión. Esta sobrecarga hepática suele deberse a: problemas emocionales, comer en exceso, alcohol, grasas, azúcares, falta de movimiento físico, consumo de medicamentos, entre otras causas.

  • Obesidad. El exceso de peso genera una sobrecarga física y psicológica. Como los órganos no reciben la sangre necesaria para su buen funcionamiento, el corazón debe sobre exigirse.

  • Moderar el consumo de café. té negro y yerba mate. El abuso de la cafeína que contienen, excita el sistema nervioso generando adrenalina, lo cual eleva la presión arterial.

  • Evitar el consumo de alcohol y de tabaco. Su consumo, aunque sea moderado, aumenta la secreción de adrenalina y, por ende, la presión arterial.

Como en cualquier tipo de enfermedad, la actitud frente a la vida (el modo de ser) tiene mucha influencia. El cuerpo no es ajeno a los problemas de la mente. Las personas que padecen hipertensión se encuentran bajo presión y excitación constante. Si bien la mayoría de los casos mejoran realizando cambios en la alimentación y actividad física. El problema continuará si no hay un cambio en la forma de pensar, sentir y actuar.